Historia Pública: una herramienta democrática

El pasado mes de octubre se celebró el III Festival de Historia Pública en el Centro Cultural La Corrala de la UAM. En este artículo, el investigador Jesús Izquierdo Martín nos comparte algunas claves para entender la Historia Pública como un campo de estudio que implica a historiadores y ciudadanos en la discusión colectiva del pasado.

Por: Fernando Escribano Martín*

La “historia pública” puede parecer un concepto lo suficientemente ambiguo como para que cada uno pueda pensar en una definición, y seguramente sea adecuada. Una vez que rompemos el dique de que la historia solo la pueden hacer los profesionales, —cuando la realidad dice desde hace mucho que esto no es así— su definición siempre puede ser una aproximación, pero incluso esto también sirve.

         Se parte de la idea de que la Historia es un bien común, y de que la Historia Pública nace para implicar a historiadores y ciudadanos en la discusión colectiva del pasado; para convertir la historia en una herramienta democrática.

Así expuesto, las posibilidades que se abren son infinitas en cuanto a narradores, investigadores, lenguajes, temas o protagonistas. Hay distintos modos de hacer, es cierto, pero también hay que intentar hacerlo bien, señalar las fuentes de modo correcto y honesto, diferenciar opinión de análisis, no ocultar, no tergiversar, lo que hacen o debieran hacer siempre los historiadores, y por eso parece tan adecuado que estos estén involucrados en esta apertura democrática y seria de la historia a la sociedad.

Hay distintos modos de hacer, es cierto, pero también hay que intentar hacerlo bien, señalar las fuentes de modo correcto y honesto, diferenciar opinión de análisis, no ocultar, no tergiversar, lo que hacen o debieran hacer siempre los historiadores, y por eso parece tan adecuado que estos estén involucrados en esta apertura democrática y seria de la historia a la sociedad.

         La Asociación Española de Historia Pública nace con el objetivo de contribuir al debate sobre los usos colectivos del pasado y a la democratización de la razón y el conocimiento históricos. Esta asociación, en la que participamos investigadores de la UAM, ha desarrollado ya una serie de actividades que dan cuenta de lo que pretenden y llevan a cabo, como el Primer Festival de Historia Pública, en 2021, con la participación en su organización de la Casa de Velázquez; el Segundo Festival de Historia Pública, en 2022, también celebrado en el Centro Cultural La Corrala; y el Primer Laboratorio de Historia Pública, celebrado en abril de este año en la Facultad de Filosofía y Letras de la UAM.

         El pasado mes de octubre se celebró el Tercer Festival de Historia Pública, que se articuló en torno a tres ejes: la irrupción de memorias plurales, divergentes y contrahegemónicas, su relación con el auge de discursos cada vez más excluyentes y reaccionarios y, siempre en el marco de una sociedad plural, de vocación reflexiva, la transmisión de relatos, saberes y experiencias por fuera de los cánones consagrados del mundo académico.

         A lo largo de dos días de trabajo, de interacción y de discusión, el festival se organizó en cuatro mesas, además de otras actividades, que desarrollaron a su vez cuatro temáticas: a) las deudas y ausencias del discurso hegemónico sobre la democracia en España; b) la lucha y resistencia de la memoria obrera, así como su materialización en el territorio; c) la relación entre el pasado colonial y el presente multicultural de la sociedad española d) y, de un modo trasversal a todo el campo social, la creciente visibilizarían de las luchas feministas y de otro tipo de disidencias sexuales.

         Para intentar explicar qué se estaba haciendo, qué significa el concepto, en relación con el festival, y con el curso que sobre Historia Pública la UAM planea sacar como título propio en el curso 2024-2025, preguntamos al profesor Jesús Izquierdo Martín, director del curso y de la Asociación Española de Historia Pública, de qué estamos hablando.

¿Qué es la historia pública?

La historia pública es una actitud y disposición de los profesionales de la historia más abierta al despliegue de los relatos históricos hacia públicos más amplios que los académicos, a la diversidad de los lenguajes sobre el pasado (desde el cómic al videojuego) y la aceptación de la corresponsabilidad entre ciudadanos e historiadores en la creación de dichos relatos, en una suerte de interpretaciones sedimentadas (por ejemplo, artistas, historiadores y museólogos en una exposición).

¿Quiénes hacen hoy la historia? ¿Quiénes la deberían hacer?

La historia profesional nunca ha podido monopolizar los relatos sobre el pasado. Comunidades, movimientos o instituciones han intervenido en la construcción histórica o memorial. Lo que ocurre es que en los dos últimos siglos las crisis han incentivado el «pensar históricamente», esto es, la necesidad de explicar situaciones que no podían darse por descontado, a lo que se ha sumado el descredito de algunas de las instituciones que tenían la legitimidad para hablar sobre el pretérito. Estas han sido dos condiciones cruciales para la profusión de participantes en la construcción del conocimiento histórico fuera del ámbito académico. Siguiendo esta línea, se podría decir que, aunque el historiador tenga funciones exclusivas en el quehacer histórico, los ciudadanos deben ser invitados a participar ya no solo como sujetos que portan testimonios, sino también como personas que aportan miradas y perspectivas que pueden agregarse en los discursos históricos; como autores ya no solo como actores.

La historia profesional nunca ha podido monopolizar los relatos sobre el pasado.

¿Cualquiera puede ser historiador?

No se trata de arrasar las funciones del profesional de la historia en una suerte de un saber indisciplinado. Más bien, se trata de compaginar las funciones del historiador vinculadas a la temporalización de los enunciados, el comparatismo, las capacidades de verificación de los datos, etc. con otros lenguajes y miradas que intervienen en la construcción del relato histórico o memorial. La corresponsabilización del saber entre expertos y no experto no implica necesariamente perder para el historiador.

Como parte de las actividades desarrolladas en el marco del Tercer Festival de Historia Pública, se presentó la Colección Editorial de la AEHP/UAM y de sus primeros dos libros: Salud y shalom. Conversaciones con excombatientes judíos de la brigada internacional Abraham Lincoln, de Joseph Butwin, Edward Baker y Anthony Geist; y Problemas de hoy, palabras de ayer. La moderna explotación del trabajo a la luz de la esclavitud antigua, de Domingo Plácido.

Ambos libros son magníficos ejemplos de lo que lleva a cabo la Asociación, recuperar y tratar temas que se salen del ámbito estrictamente académico, o reinterpretar nociones del pasado que están más de actualidad de lo que queremos pensar. Esto es también historia pública.

*Fernando Escribano Martín es doctor en Historia por la Universidad  Autónoma de Madrid y la  Università degli Studi di Roma La Sapienza. Actualmente es profesor de Historia Antigua en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid, y cursa el Título de Experto en Comunicación Pública y Divulgación de la Ciencia de la UAM.

Este artículo fue publicado originalmente en UAM Gazzette. El artículo puede consultarlo aquí.

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